
Narrador: ¡Hola
queridos amigos, os voy a contar la historia que ocurrió una vez
en Alemania hace mucho tiempo y que tiene como protagonista al enano Rumpelkiskisklas
y a la hija de un molinero llamada Esmeralda.
Molinero: Esmeralda, hija mía, tráeme un cubo lleno de
agua, que lo necesito.
Esmeralda: Ya voy padre.
Molinero: Gracias, eres una hija estupenda.
Narrador: Un día, una vez finalizada su jornada, el molinero
estaba con unos amigos en la taberna, hablando de mil cosas.
Campesino: Este año si el sol sigue calentando tendremos buena
cosecha de trigo.
Molinero: Siempre dices lo mismo Ismael y al llegar el tiempo de la
cosecha siempre te quejas igual, jajaja.
Campesino: ¡Antonio, Antonio! Si tuviese una hija como
la tuya, te aseguro que no me quejaría de nada.
Molinero: En eso tienes razón. Es guapa, inteligente… estoy
seguro que ella sería capaz de hilar la paja del granero y convertirla
en oro.
Rey: ¿Qué acabas de decir, molinero?
Molinero: Hablaba de mi hija, señor.
Rey: ¿Sabes quien soy?
Narrador: El caballero
descubrió su capa y todos pudieron ver que se trataba del rey.
Campesino (en bajo): Antonio, es el mismísimo rey.
Molinero: ¡Majestad! ¿Vos aquí?
Rey: Me gusta, de vez en cuando, pasear de incógnito por mi
reino para saber cómo viven mis súbditos. Me ha sorprendido
lo que has dicho de tu hija, tráela mañana a palacio. Veremos
si lo que has dicho es cierto. Buenas tardes.
Molinero: ¡Dios mío! ¡Qué he hecho!
Campesino: ¿Qué te pasa Antonio?
Molinero: Que tengo la boca demasiado grande.
Campesino: ¿Por qué lo dices?
Molinero: ¡Cómo va a convertir mi hija la paja en oro!
¿Qué puedo hacer?
Campesino: Si no va a palacio seguro que el rey os castiga severamente
a los dos. Si es tan lista como dices, ella se las arreglará para
engañar al rey.
Molinero: Eso haré.
Narrador: Cuando el molinero Antonio contó lo sucedido a su hija, esta no supo qué decir. Su padre la había metido en un buen lío, pero ella le quería, era valiente y no le dijo nada. Simplemente preparó algo de ropa y se acostó temprano para dirigirse a la mañana siguiente a palacio.
Esmeralda: El
castillo es enorme.
Chambelán: Sígueme doncella, el rey te está esperando.
Narrador: EL chambelán de palacio la acompañó
hasta la sala de audiencias donde el rey esperaba sentado en su trono de
terciopelo azul.
Chambelán: Majestad, esta es Esmeralda, la hija del molinero.
Rey: Acércate. Tu padre no mintió al decir que eras hermosa.
Veamos si también sabes hilar. ¡Chambelán! acompáñala
a la torre mayor. Allí tienes todo lo necesario para hilar la paja.
¡Vete!
Narrador: El chambelán la acompañó a la torre
más alta del castillo, donde se había dispuesto todo para
que Esmeralda trabajase.
Chambelán: Aquí es, entra. Ahí tienes la hiladora
y la paja, también te hemos preparado una cama por si te cansas.
Esta noche te traeremos algo de cenar. El rey quiere que mañana
temprano todo este montón de paja esté hilado y convertido
en oro fino. Si esto no ocurre, prepárate porque el rey tiene muy
mal genio y no le gusta que le mientan.
Narrador: Esmeralda
entró y en cuanto se cerró la puerta de la torre, se dejó
caer en la cama y comenzó a llorar porque ella sabía que
no sería capaz jamás de convertir la paja en oro.
Esmeralda: Este será mi fin, el rey se enfadará cuando
vea mañana que aquí sólo hay paja. (llorando)
Enano: ¿Qué te pasa muchacha? ¿Por qué
lloras?
Narrador: Junto a la ventana de la torre había un extraño
hombrecillo sentado que la miraba curioso.
Enano: Molinera, ¿qué te pasa?
Esmeralda: El rey quiere que para mañana por la mañana
haya hilado toda esa paja convirtiéndola en oro fino y yo no sé
cómo hacerlo.
Enano: ¿Y qué me darías si te hago yo el trabajo?
Esmeralda: No tengo nada.
Enano: ¿Y ese collar que llevas en el cuello?
Esmeralda: ¿El collar? Es el único recuerdo que tengo
de mi madre.
Enano: Bueno, pues nada, yo me voy.
Esmeralda: ¡Espera! Te lo daré si lo consigues.
Narrador: El enano se sentó junto a la hiladora y comenzó
a trabajar mientras canturreaba una canción:
Enano: Hila hila sin parar…. Que la noche acaba de empezar. Hilo hilo
sin parar y la paja oro será.
Narrador: Mientras cantaba, hilaba toda la paja que se iba convirtiendo
poco a poco en oro. Rápidamente terminó y pidió a
la molinera su collar y desapareció por la ventana.
Chambelán:
Prepárate muchacha, el rey vendrá en 5 minutos.
Narrador: Ella se preparó y pronto apareció el rey en
la torre.
Rey: Vaya, vaya. No mentía tu padre. Has trabajado muy bien,
Esmeralda. Esta noche descansarás, pediré a mis sirvientes
que te atiendan y te den bien de comer y beber y mañana llenaré
de nuevo la torre de paja.
Esmeralda: Si majestad. Hasta mañana.
Esmeralda: Vaya, he tenido suerte y gracias a la ayuda del enano me
he salvado, pero no sé dónde encontrarlo para que me vuelva
a ayudar.
Narrador: Esmeralda pasó un día intranquilo, pese a que
la cuidaban y la daban de comer y beber, pero sabía que a la noche
volvería a la torre y tendría que convertir la paja en oro
para el rey. Llegó la noche y el enano no aparecía.
Esmeralda: (llorando) Dios mío, quedan pocas horas para
que termine el plazo que me dio el rey y no encuentro al enano por ninguna
parte. Esta vez no creo que me pueda salvar.
Enano: Calma Esmeralda, calma.
Narrador: El enano había aparecido de pronto, sentado de nuevo
en la ventana de la torre.
Enano: ¿Otra vez tienes problemas? Vaya, cuanta paja hay en
la torre.
Esmeralda: ¿Podrías ayudarme?
Enano: ¿Tienes algo de valor?
Esmeralda: Sólo me queda este anillo, pero no vale mucho.
Enano: A ver. Me gusta, está bien, trabajaré para ti.
Hila hila sin parar… que la noche acaba de empezar. Hilo hilo sin parar
y la paja oro será.
Narrador: En menos de una hora, la sala estaba repleta de oro y el
enano había desaparecido tan rápido como llegó.
Chambelán:
Atención, se acerca su majestad el rey.
Rey: Vaya, realmente trabajas bien, muchacha. Eso me complace pero
deberás trabajar para mi una noche más. Si logras convertir
en oro toda la paja de mi habitación, prepararé la boda para
que te cases con mi hijo el príncipe. Esta tarde lo prepararán
todo y te llevarán allí, ahora descansa.
Esmeralda: Así lo haré majestad.
Narrador: Pero Esmeralda se quedó muy triste porque esta vez
tendría que trabajar en otro sitio y no sabía si el enano
podría llegar hasta allí.
A la noche
de nuevo se encontraba frente a la hiladora y pasaban las horas y nadie
aparecía por allí. En la habitación del rey no había
ventanas, sólo una gran chimenea donde ella se sentó. Faltaba
una hora para que el rey apareciera y ella no había hecho nada.
Lloraba sin parar.
Esmeralda: ¿Qué va a ser de mi? ¿Qué me
hará el rey al ver que no he podido hacerlo?
Enano: Vaya una llorona que estás hecha, campesina. Siempre
te encuentro llorando.
Esmeralda: ¡Eres tú! ¿Puedes ayudarme?
Enano: ¿Y qué me darás tú?
Esmeralda: Ya no me queda nada para darte.
Enano: Déjame pensar…..
Enano: ¡Ya está! Me darás tu hijo.
Esmeralda: Pero si yo no estoy casada ni tengo ningún niño.
Enano: Pues entonces me darás el primer hijo que tengas.
Esmeralda: (hablando para sí). ¿Quién sabe si
alguna vez tendré un hijo? No tengo nada que perder y el rey ha
dicho que esta será la última vez.
De acuerdo, si me ayudas te daré mi primer hijo.
Enano: Bien, bien, bien. Déjame trabajar a gusto Esmeralda.
Hila hila sin parar… que la noche acaba de empezar. Hilo hilo sin parar
y la paja oro será.
¡Ya está! Terminado. Recuerda lo que has prometido, volveré
a por tu hijo.
Narrador: Esmeralda se quedó preocupada pero pronto se le pasó.
Quedaba muy poco para que el rey entrara y el trabajo estaba terminado.
Rey: Perfecto, has vuelto a hacerlo muy bien. Chambelán, ordena prepararlo todo, mañana Esmeralda se casará con mi hijo. Es una muchacha hermosa y trabajadora. Eso me gusta.

Narrador:
Todo se preparó para la boda de Esmeralda y el príncipe.
Todo fue muy bonito y el príncipe era una buena persona. Ambos se
quedaron a vivir en el palacio y desde entonces ella vivió muy bien.
Tanta alegría hizo que pronto se quedase embarazada y al año
de casarse tuvo su primer hijo, llamado Ricardo.
Esmeralda: ¡Qué hermoso eres! Y un día te
convertirás en el rey de estas tierras.
Narrador: Ella ya no se acordaba ni del enano ni de su promesa, pero
una tarde de domingo, el príncipe y su padre habían salido
de caz y ella se encontraba sola con su hijo en la habitación.
Enano: Vaya, bonito hijo el tuyo Esmeralda, ¿cómo se
llama?
Esmeralda: ¡Eres tú! Mi hijo se llama Ricardo.
Enano: Lo sé y vengo a llevármelo como me prometiste.
Esmeralda: Por favor no. Te daré oro, joyas, tierras, lo que
quieras, pero no te lleves a mi hijo.
Enano: No quiero nada de eso, una promesa es una promesa. Le
quiero a él.
Esmeralda: Por favor, no. No te lo lleves, es lo más preciado
que tengo.
Enano: Te daré una oportunidad. Tienes 3 días para que
adivines mi nombre, si lo haces te quedarás con él, pero
si no me lo llevaré para siempre. Cada noche a esta misma hora vendré
a comprobar si lo has adivinado o no.
Narrador: Ella no perdió el tiempo y en una hoja comenzó
a escribir todos los nombres que se le ocurrían. Ricardo, Jorge,
Javier, Pedro…. Llegó la noche y ella esperó impaciente al
enano. Este apareció por la chimenea.
Enano: Buenas noches, ¿sabes ya mi nombre?
Esmeralda: ¿Te llamas Jorge?
Enano: No
Esmeralda: ¿Pedro?
Enano: No.
Esmeralda: ¿Javier?
Enano: No…..
Narrador: A las 2 horas se le habían terminado todos los nombres
y no había acertado ninguno.
Enano: Veo que no se te ocurre ningún nombre más, mañana
volveré a la misma hora, adiós.
Narrador: Esmeralda no desesperó. Comenzó a pensar y escribir
nombres raros. Rigoberto, Chindasvinto, Hermenegildo, Chispirrín,
Habichuelita,…..
Llegó la noche y de nuevo apareció el enano.
Enano: Ya estoy aquí. Vaya, veo que tienes una larga lista de
nombres. ¿Estará ahí el mío? Veámoslo.
Esmeralda: ¿Tu nombre es Rigoberto?
Enano: No
Esmeralda: ¿Te llamas Hermenegildo?
Enano: Tampoco.
Esmeralda: ¿Chispirrín?
Enano: No, no….
Narrador: Tampoco hubo suerte esa noche. Esmeralda estaba desesperada
porque veía que su hijo se iría con el enano para siempre.
No encontraba ninguna solución.
Narrador: Al día siguiente Esmeralda estaba comiendo con el príncipe
y su hijo.
Príncipe:
Ayer me ocurrió algo muy extraño Esmeralda. ¡Esmeralda!
¿No me oyes?
Esmeralda: Perdóname, estaba distraída, ¿qué
me estabas contando?
Príncipe: Ayer estaba de caza con mi padre y nos adentramos
con los caballos por el Bosque de la Alegría. Comencé a perseguir
a un zorro y me separé del resto de los jinetes.
Esmeralda: ¿Te ocurrió algo?
Príncipe: Vi un fuego junto a la colina y me acerqué,
había un ser diminuto bailando alrededor del fuego.
Esmeralda: ¿Era un enano?
Príncipe: Creo que sí, cantaba una extraña canción:
Tris tras, mi hora pronto llegará y un bebé tendré
que mi nombre le pondré. Tris tras soy el enano RUMPELKISKISKLAS.
Esmeralda: ¿Cómo has dicho que se llamaba?
Príncipe: RUMPELKISKISKLAS, que ser tan curioso, ¿verdad?
Narrador: Ella le contestó con una sonrisa y le dio un beso
en los labios y otro a su hijo y se fue contenta a su habitación.
Narrador: Al poco rato descendió el enano por la chimenea.
Enano: ¿Ya has preparado al pequeño? Hoy me lo llevo.
Esmeralda: ¡Espera! Aún puedo adivinar tu nombre.
Enano: No lo creo. ¿Cómo me llamo?
Esmeralda: ¿Jorge?
Enano: No
Esmeralda: ¿Pedro?
Enano: Tampoco.
Esmeralda: ¿No te llamarás por casualidad… RUMPELKISKISKLAS?
Enano: Noooo, noooooooo. ¿Quién te lo ha dicho? ¿Cómo
lo has adivinado? Nooooooooooooooooooo
Narrador: Y gritando desapareció para siempre por la chimenea.
Esmeralda vivió feliz junto a su príncipe y sus 3 hijos,
porque ella tuvo un chico y una chica más y un día se convirtió
en reina. Y colorín colorado, este cuento se ha terminado.
