Rosalía de Castro es nuestra poetisa de hoy.

Nació en Santiago de Compostela en 1837. Fue bautizada con los nombres de María Rosalía Rita. Hija de padres desconocidos, muy poco se sabe de su educación y juventud. En la escuela le gustaba el dibujo, la música y la declamación.
Contrajo matrimonio con Manuel Martínez Murguía, cronista gallego. Al año siguiente nacía su primera hija, Alejandra, a la que seguirían seis hijos más. Su domicilio cambió varias veces, entre Madrid y Simancas. Rosalía nunca disfrutó de buena salud. Luchó siempre contra enfermedades, y a menudo con la penuria, vivió dedicada a su hogar, a sus hijos y a su marido, nunca aspiró a la fama. Su marido fue quien la convenció para que publicara sus obras. Murió de cáncer a los cuarenta y ocho años en su casa de Padrón, la cual hoy es un museo. Todos sus hijos murieron antes que ella, sin poder dejar herederos.
Compuso sus primeros versos a la edad de 12 años. A los 17 años publicaba su primer libro: La Flor. Rosalía muestra una visión sombría de la existencia humana. En los Cantares gallegos, de 1863, Rosalía asume la voz del pueblo gallego y fue uno de los primeros libros enteramente en gallego de la Edad Contemporánea. Ella fue la figura central del resurgimiento de la literatura gallega en el siglo XIX.
Su obra maestra en castellano es En las Orillas del Sar, versos de tono íntimo, de extraña penetración, cargados de nocturna belleza. Merece ser considerada, al lado de Gustavo Adolfo Bécquer, como la precursora de la Modernidad e iniciadora de una nueva métrica castellana. También escribió en prosa obras como La hija del mar o Las Literatas.
Os leo unos versos de En las orillas del Sar, escrita en 1884 y que fue su mejor obra escrita en castellano.

A orillas del Sar
A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...,
pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.