
En sus ojos reflejados
todo un ayer,
los días en sus manos,
una sonrisa de recuerdo.
Su regazo, su aroma, su amor,
fotogramas blancos,
noches de hogar.
Recuerdo vivo en mi mente
presencia a fuego y volcán.
A la madre que me vio nacer.
A la mujer que por mí daría
su vida.
A la niña que en sus ojos perdura.
A ti por ser tú
te dedico una y mil
rosas pintadas de amor.
Madre... ¡cómo llena esa palabra!
Madre, sólo a ti, gracias.
La soledad hace a veces daño. Te acostumbras mal y hay momentos en los que recuerdas con fuerza unas viejas manos que nunca se cansarán de cuidarte. Esta poesía es para ti, ama.