
Hubo un tiempo...
Un tiempo fácil
de infancia tranquila
de risas, sueños y juegos.
Tus zapatillas se hicieron viejas
y tu osito de peluche se perdió.
Y perdiste tu infancia
el sabor a hogar
el olor a madre.
Y maduraste...
¡qué palabra!
Hoy es tiempo de realidades
de verdades
de cosas tangibles y materialismo.
No hay sitio para el recuerdo
en el mundo de hoy.
Te sientes perdido y piensas
¿Qué fue de aquel niño?
¿Qué fue de aquella edad?
¡A qué diferentes velocidades corre nuestra vida! Qué poca importancia le damos a un reloj en esa juventud que se nos antoja eterna hasta que nos damos cuenta de que sólo nos quedan los recuerdos de cuando eramos niños. A veces no lo aceptamos y otras nos resignamos. Yo propongo mantener vivo ese espíritu, esa llama de juventud.