En la noche de los tiempos se perdió
una sonrisa
engendrada en hiedras de sal,
retenida en el infinito de un ayer sin horas.
El tic-tac asesina y mata tiempos pasados
sueños dorados que aunque son sólo
eso, sueños
merecen ser algo más
simplemente por hacernos felices.
En la noche de mi tiempo no perdí algo.
Me perdí yo.
Y no me hallé ni en valles
ni en las sonrisas del recuerdo
aunque aún guardo el sabor
de una ráfaga de aire puro.
El sabor a ti, intuida siempre pero jamás
vista,
sentida a ratos, acariciando trazos.
Sabor a ti, soledad.
Lo que siento dentro se me pierde en un acorde de notas de colores. No se puede mostrar, si acaso regalar una canción.